martes, 28 de abril de 2015

El alemán Dirk Schmidt compró las mismas armas que quería comprar Eduardo Rozsa

El Sol de Pando

Un informe publicado por Datos & Análisis en julio de 2010 tras varios meses de investigación, estableció que Eduardo Rozsa Flores, desesperado por armar a su ejército separatista, mantuvo intenso contacto con un agente de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) en las semanas previas a su asesinato, informando sobre la interferencia de un espía de la ex Alemania Oriental, Dirk Schmidt, que traficaba armas en Bolivia.

Rozsa se comunicó con la CIA procurando auxilio y asistencia militar ante la orfandad en que había quedado tras su ruptura con el Prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, por una disputa de mando dentro el movimiento “independentista” debido a la cual el grupo de Costas decidió prescindir de Rozsa, negándole el financiamiento comprometido para la compra de armas.

Ese aislamiento político y los problemas en la adquisición del arsenal sofisticado que exigía Rozsa al movimiento cívico cruceño, habrían sido determinantes para que agentes del Gobierno se infiltren en su círculo íntimo, entregándole incluso armas presuntamente extraídas de la Octava División de Ejército, en marzo del 2008.

Por su parte la CIA —dentro una estrategia para estigmatizar al régimen boliviano como genocida— decidió “sacrificar” al miliciano boliviano-croata al constatar la inviabilidad de su sofisticado plan militar, carente de armas adecuadas y de apoyo político real entre la “cruceñidad”, ordenando su asesinato mediante la acción letal de una fuerza policial de élite (la Utarc) que fue creada con recursos de la Embajada norteamericana durante la administración de Sánchez de Lozada. Como es sabido, la Unidad Táctica de Resolución de Crisis (Utarc) gozaba de confianza ciega en las altas esferas del Gobierno de Evo Morales, infiltrado a su vez por aquellas fuerzas siniestras que dispararon a mansalva contra Rozsa y dos de sus correligionarios mientras dormían en sus habitaciones del Hotel Las Américas. Dos años después de la matanza, el ministro de Gobierno Sacha Llorenti condecoró a los policías asesinos, contribuyendo al estigma de un régimen genocida. Aquí la CIA desarrolló un juego hábil de inteligencia y contrainteligencia para matar dos pájaros de un tiro.

Severamente distanciado de Costas y otros dirigentes del Grupo La Torre que lo habían traído de Europa para la “defensa de Santa Cruz”, Rozsa decidió seguir el plan separatista a su manera, corriendo temerariamente un alto riesgo personal y abriéndose a la inminente infiltración. Intentó formar su propio ejército para la Guerra Urbana que era su especialidad, acudiendo al apoyo financiero de Estados Unidos. Tomó contacto directo con la CIA mediante un agente militar de origen húngaro que se comunicaba con Rozsa desde Washington a través del correo electrónico y el chat.
Un veterano militar de la OTAN, el contacto de la CIA
El coronel húngaro Istvan Belovai, el contacto de Eduardo Rozsa en la CIA. | Foto Telegraph

El coronel húngaro Istvan Belovai, el contacto de Eduardo Rozsa en la CIA. | Foto Telegraph

Rozsa envió a la CIA mapas y croquis con las ubicaciones de las brigadas médicas de Cuba en la Amazonia boliviana, así como de los zapadores venezolanos que construían caminos vecinales en Pando y Beni. Mandó una foto del puente Pailas, el más grande de Bolivia en ese entonces, y de un casino instalado por la mafia rusa en el municipio de Cotoca, como los primeros blancos estratégicos a ser dinamitados en el inicio de una guerra civil de larga duración. “Para el 15 de enero quisiéramos alcanzar un nivel de operación militar. Hablando en claro, desde esa fecha vamos a estar listos para la realización de algunas operaciones de tamaño y efectos limitados. La fecha de la conclusión no se puede determinar. Podemos hablar de semanas, pero también, en caso de fragmentación territorial, se podría esperar una crisis de años. Efecto Kosovo”, fue el plan que Rozsa describe al coronel en retiro Istvan Belovai, su contacto de la CIA en Washington, a través de un mensaje enviado por correo electrónico el 18 de noviembre del 2008.

Belovai era una leyenda viviente en la CIA. Un veterano húngaro experto en operaciones militares de alto riego. Tenía el grado de coronel. Jugó un rol decisivo en la Guerra Fría combatiendo al régimen comunista de Hungría como oficial de enlace de la OTAN. Estuvo preso en su país y se refugió en Estados Unidos a mediados de los años 90. Al parecer se conoció con Rozsa durante la Guerra de los Balcanes. Itzván Belovai murió en Denver, Colorado, en noviembre del 2009, cinco meses después del operativo del Hotel Las Américas en Santa Cruz.

A fines del 2009, Datos & Análisis accedió a los emails y chats que Rozsa y Belovai intercambiaron en lengua húngara durante los meses de noviembre del 2008 y principios de abril del 2009, los mismos que concluyeron con el posible arribo del agente de la CIA a Bolivia para ejecutar el plan bélico una vez adquiridas las armas y adiestrado el ejército separatista mediante intensas prácticas de airsoft y paintball.

Según le informó a su enlace de la CIA, Rozsa había logrado reclutar a casi una centena de jóvenes entre las barras bravas de los más populares equipos de fútbol de Santa Cruz, miembros además de la Unión Juvenil Cruceñista. También captó algunas adhesiones en el Beni. A pesar de haber perdido la confianza de los principales líderes cruceños como el prefecto Costas, Rozsa logró atraer simpatías en núcleos tradicionalmente duros de Santa Cruz como Falange Socialista Boliviana (FSB) o las mismas logias masónicas locales.

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